martes, 23 de abril de 2013

Premios y mamuts.

-¿Al fin qué, ganaron o perdieron?
-Nada.
-¿Nada qué, guevón?
-Pues que nada, que llegamos allá, echamos un ojo y nos confiamos. Lo único que vimos fue un man grandote con una chaqueta que lo hacía ver como un mamut y a una pelaita flaquita en un vestido verde.
-¿y? Nada que me respondés.
-Si pillás, vas entendiendo, nada, nada. Dame uno de esos cigarros.
-Deja de mamar gallo. Minimo es por eso que no respondés, porque perdieron por andar mamando gallo.
-Ya que no me diste el cigarro, entonces pásame el telefono. Ya el Tronco debería haber llegado. No te sentés ahí, pásame el telefono.
-¿Pa qué? Ese man ni debe estar en la casa. Más bien decime, ¿ganaron o no?
-¿Aló, Tronco? ¿no? Ah, buenas mija. ¿Hace rato salió o qué? Gracias, si sabe algo le dice que lo estoy buscando. Si, sí, el mismo, le dice que lo estamos esperando.
-Qué mania la ese man de andar sin celular. Y la tuya de joder tanto la vida. A ver, entonces qué, ¿ganaron o no?
-Andá abrí, parece que ya llegó este man. Ahora si podemos largarnos. Y pa que dejés de joder, el texto decía: "Un niño y una niña de 11 años hablando en un bus: -Mirá, eso que está se ve allá parece un elefante convirtiendose en culebra. -Yo no veo nada -¿Ya tan rápido se te murió la imaginación?"


-Ya, mano, qué pena la demora. Flaco, ¿bien o qué? Tirate un garro, que está haciendo frio. Esta puta ciudad sigue sin gustarme y ya llevo aquí un par de meses.
-Tomá.
-Guevón, a él si le das ¿no?
-Vos no jodas, que no me has respondido un culo. ¿El mamut o el vestido?
-Ya no importa.
-Claro que importa imbécil, ¿a quién crees que tenemos seguir hoy?
-¿Mamut o vestido? Ya se les corrió la teja.
-Sí, parce, así de simple. O nos llevamos el premio gordo, o nos morimos de hambre. Pero a alguien perseguimos.
-AHhh el milloncito. Yo si decía que tenian que estar hablando de vainas importantes y no mamando gallo.
-¿Si pillás? Hasta el Tronco sabe que andás mamando gallo. Perdieron, ¿no? Desembuchá rápido mientras este man se termina de fumar eso y nos vamos.
-Nojodas. Ya te dije. Nada. Ni mierda. Ni elefante ni culebra ni mamut. Ni siquiera vestidito. Lo que hay es plata. Un millón de pesos. Ganamos. Es lo unico que importa. Nada más. Nada.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Insueños


En este mundo, los pobres no pueden soñar. Ni siquiera llegan a imaginarse qué significa cerrar los ojos y dejarse llevar por el mundo onírico. Para ellos, todo lo que existe es una mera mezcla putrefacta de desilusiones y desesperanzas que cada noche invade sus cabezas. Aquella es la manera que tiene el poder de controlarlos.

Sin sueños no hay aspiraciones ni imaginación. Sin sueños no existen las metas. Sin sueños no hay ideas ni cambios. Sin sueños no existe la revolución.

Todo comienza, entonces, con un sueño.

Que sea robado o no, que llegara por alguna falla o por milagro, realmente no importa. Importa, cómo no, la manera en que un anciano encorvado se derrumbó en mitad de la calle una noche cualquiera y soñó. Soñó tan profundamente que, al despertar, no reconoció  nada a su alrededor.
No reconoció sus ropas andrajosas, puesto que estaba seguro de haber vestido las mejores telas. Tampoco reconoció porqué sentía aquel ardor tan asqueroso en la boca del estomago, luego de que la noche anterior, engullera toda clase de carnes, frutas y vinos. Mucho menos entendió, entonces, ser un paupérrimo, luego de tener por seguro que era el Dios de su mundo.

Por ello, aquel anciano solo se limitó a frotarse los ojos, a darse pellizcos o a echarse agua en la cara, esperando de una vez por todas, despertarse de lo que para él era un sueño nefasto.

Al final, se encorvó un poco más y enloqueció. 

domingo, 7 de octubre de 2012

KJ5

Para este cuento tuve en cuenta cinco reglas propuestas durante un ejercicio de escritura en el Colectivo Literario: 
-No existe la palabra "verdad". 
-Castración en la pubertad para evitar las conductas violentas que desencadenen una guerra. 
-Perfección en salud. Desaparece quien presente cualquier tipo de enfermedad.
-No existe la memoria a corto plazo en algunos individuos.
-La única forma de comunicación es la oral. 
No es necesario explicitar todas las reglas dentro del cuento pero, como es obvio, no se debe romper ninguna. 

KJ5
En un hospital al sur del país, un hombre se encontraba sentado en la mitad de una camilla, dentro de un diminuto cubículo en el que a duras penas cabía, además de él, una bandeja metálica llena de instrumentos quirúrgicos  al fondo un cuadro que retrataba un viejo escritor portugués y justo debajo, una radio café con apenas dos perillas. El hombre se llamaba Sergio, y aburrido de esperar a su medico, se levantó de la camilla y fue directamente hasta la radio. 

Era muy extraño que el Doctor Rojas demorara tanto, pero a fin de cuentas él estaba allí obligado por el Estado. Apenas una semana antes, según lo que recordaba, su voz había comenzando a sonar ronca y por mandato del Gobierno, debía ser operado lo antes posible. 

El país estaba en crisis. Una imparable enfermedad arremetía sin control desde el norte y según lo que su madre fue capaz de explicarle, las medidas de sanidad se habían extremado a tal punto que cualquiera con un leve síntoma de cambio en su cuerpo era reportado ante las autoridades. 

Sergio tomó la pequeña perilla de la derecha y la giró hasta escuchar un leve clic, y seguido unos murmullos que escapaban bajo. Giró luego la otra perilla y el sonido inundó todo el cubículo  Unas palabras entrecortadas se escuchaban: "...el senador Monsalve ha dicho a la opinión pública que la situación es insostenible. Se le ruega a toda la población refugiarse en hospitales y clínicas para así prever más brotes de KJ5.."  Hubo una interferencia y Sergio tuvo que agudizar el oído   "...según los informes entregados en las ultimas horas, la KJ5 es extremadamente contagiosa y en estados avanzados produce ataques de ira y perdida de la memoria a corto plazo. Se le ruega a toda la población refugiarse en hospitales y clínicas al sur del país..." Sergio tuvo que bajar de golpe el volumen de la radio cuando una enfermera de unos 50 años, con el cabello corto y ondulado, entró al cubículo preguntando, sin mirarlo, por el Doctor Rojas. 
La respuesta de Sergio fue corta y contundente: -No lo sé, quedó de volver hace media hora, seguro se le olvidó.- Afuera se escucharon gritos.